Apr 10 2008
Pertenecemos a Cristo
Los eventos de la Semana Santa nos sirven para recordar que pertenecemos a Cristo. Pertenecemos a él porque nos ha redimido a nosotros, criaturas perdidas y condenadas.
Pertenecemos a Cristo porque nos ha rescatado y librado de todos los pecados. “Pero ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y, como fin, la vida eterna, porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:22-23).
Pertenecemos a Cristo porque nos ha rescatado y librado de la muerte. “La ley [es decir, el control] del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley [es decir, del control] del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2).
Pertenecemos Cristo porque él nos ha rescatado y librado del poder del diablo. “Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13).
Nuestro Señor nos rescató no con oro ni plata, sino con su santa y preciosa sangre, y con su inocente pasión y muerte. “Habéis sido comprados por precio” (1 Corintios 6:20). “Pues ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18). “Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
Jesucristo hizo todo eso para que vivamos bajó él en su reino y le sirvamos en: justicia, inocencia, y bienaventuranza eternas. Cristo nos redimió para que seamos de él y usemos toda nuestra vida para servirle en su reino. “Él por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15). “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
Gracias Señor Jesús por habernos hechos tuyos por tu amor y por tu obra redentora.
Queremos vivir para ti. ¡Ayúdanos!


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